Escribe Diego Pajares Herrada (@diegopajaresherrada) / Fotos Archivo Personal
Bicampeona bolivariana y referente del bádminton peruano, Inés Castillo entiende el alto rendimiento como una construcción permanente. Más allá de los títulos, mide su carrera a partir de objetivos, disciplina diaria y lectura del juego. Entre logros históricos y metas aún pendientes, su recorrido se explica por una idea clara: competir para jugar cada vez mejor.
En una cancha dividida por una red, dos jugadoras se mueven de un extremo a otro con raquetas livianas, siguiendo el recorrido impredecible de un volante (una pieza ligera con base de corcho y plumas) que rara vez toca el suelo más de un segundo. Cada punto se define en pocos golpes: un error, una mala ubicación o una reacción tardía terminan la jugada. No hay contacto físico, pero sí desplazamientos constantes, cambios de ritmo y decisiones que se toman en fracciones de segundo. Así se juega el bádminton, un deporte de raqueta que combina velocidad, precisión y resistencia en intercambios breves pero exigentes.
Inés Castillo, bicampeona Bolivariana de este deporte, piensa la competencia con una lógica que va más allá del resultado. No habla primero de sus varias medallas, sino de “indicadores”. No enumera victorias, sino objetivos. “Jugar al bádminton ya no se trata solo de ganar o perder”, dice. Desde hace varios años —calcula unos cinco— en el alto rendimiento entró en una etapa distinta: la de medir cada avance con criterios específicos, incluso cuando el marcador no la acompaña.
EL PUNTO YA NO ES SOLO GANAR

Castillo, de 26 años, empezó a jugar bádminton alrededor de los 10. Impulsada por su padre, exintegrante del equipo nacional, y por una familia donde el deporte siempre estuvo presente. Durante la infancia estuvo en una academia, jugaba, canalizaba su energía. La profesionalización llegó recién al final del colegio, cuando entendió que su progreso no era casual. Encontró entonces a la entrenadora con la que sigue trabajando hasta hoy, Cristina Aicardi, y estableció su ruta: primero participaría en sudamericanos, luego en circuitos regionales y después daría el salto a torneos de mayor nivel.
Ese cambio de mentalidad se refleja en cómo describe su temporada. En los campeonatos del circuito continental —Opens, Challenges, torneos internacionales— apunta a ganar medallas. En los eventos del World Tour, donde enfrenta a las mejores del mundo, sus objetivos son otros: pasar de ronda, ganar sets, alcanzar determinados puntajes. “Mi meta puede ser ganarle un set a una top 20 o llegar a 15 puntos”, explica. No es resignación: es método, estrategia, constante mejora.
Esta lógica la llevó a conseguir resultados que marcaron un precedente para el bádminton peruano. Durante el ciclo olímpico que culminó en París 2024, Castillo alcanzó el puesto 47 del ránking mundial en singles, el más alto logrado por una peruana en esa modalidad.
EL BICAMPEONATO BOLIVARIANO
Los Juegos Bolivarianos ocupan un lugar especial en su recorrido. Inés Castillo ya había sido campeona en la edición anterior y volvió a ganar el oro en la más reciente, en un contexto que —subraya— fue más exigente. “El nivel en la región ha subido mucho”, dice. Su objetivo no era solo repetir la medalla, sino hacerlo con dominio, cumpliendo parámetros propios: controlar el partido, imponer su juego, reducir el margen de error. Lo logró y lo celebra, aunque aclara que ese torneo no otorga puntos para el ranking mundial. Para ella, el valor es simbólico y representativo: competir por el Perú, defender un título, responder a una expectativa.
DISCIPLINA Y MENTE

Esa manera de pensar el rendimiento se traslada al entrenamiento. La badmintonista entrena de lunes a sábado, con sesiones matutinas diarias y dobles turnos durante la semana. “La disciplina no es negociable”, sostiene. No habla de motivación, sino de hábito. Levantarse temprano y entrenar ocurre casi en automático. La exigencia no está solo en cumplir el horario, sino en entrenar al ciento por ciento. “Si te acostumbras a dar 80, en el partido también vas a dar 80”, resume. Para alguien que apunta a objetivos cada vez más difíciles, ese margen no existe.
La parte mental ocupa un lugar central. Castillo asume que es raro sentirse al cien por ciento en un torneo: siempre hay cansancio, molestias físicas, viajes largos. La clave es competir con lo que se tiene ese día. En la cancha no piensa en el nombre de la rival ni en su ránking, sino en tareas concretas: abrir la cancha, sostener el ritmo, ejecutar una rutina. El partido se divide en pasos pequeños. Ganar es una consecuencia posible, no el único fin.
Hoy su ránking ronda el top 80 mundial, y su objetivo inmediato es volver al top 50. A mediano plazo, el plan es claro: clasificar a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y conseguir una medalla panamericana en singles, el logro que aún le falta. En Santiago 2023 ganó el bronce en dobles mixto, pero la deuda personal está en la prueba individual. Castillo lo dice sin dramatismo: es un objetivo difícil, pero medible.
MÁS ALLÁ DE LA RAQUETA
Fuera de la cancha, la vida de Inés Castillo no se reduce al bádminton. Estudió diseño de modas y ha trabajado en una marca a tiempo parcial. El mundo creativo le interesa tanto como el deporte, y lo ve en una etapa futura. Sabe que la carrera de alto rendimiento es corta y exigente. No habla del final con tristeza, sino con realismo: cuando deje la raqueta, espera estar lista para empezar otra cosa.
Mientras tanto, compite. No para confirmar lo ya logrado, sino para ajustar detalles, subir un escalón más, comprobar que el proceso sigue dando resultados. En un deporte todavía poco conocido en el Perú como el bádminton, Castillo avanza sin épica, con números y una idea clara: cada torneo debe jugarse mejor que el anterior. Eso, para ella, ya es ganar.
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