Escribe Diego Pajares Herrada (@diegopajaresherrada)
Campeón bolivariano en Punta Rocas y con el mejor resultado de su carrera en el Challenger Series, Lucca Mesinas atraviesa una etapa de consolidación. Desde Hawái, con el Perú en el pecho, el surfista peruano habla de su técnica y las olas, viajes interminables y de competir en el mar sin perder de vista que solo el esfuerzo lo mantendrá en la cima.
No hay demasiadas pausas en la vida de Lucca Mesinas. Cuando no está compitiendo, está viajando; cuando no viaja, entrena; y cuando entrena, ajusta detalles que son invisibles cuando lo vemos ganar una medalla de oro en una transmisión por TV. Por eso, cuando habla de su presente, no empieza por las medallas. Empieza por su trabajo.
El oro en los Juegos Bolivarianos Ayacucho Lima 2025 fue una meta clara y cumplida. Se disputó en Punta Rocas, una playa que conoce bien y donde ha entrenado muchas veces. “Me puse como objetivo ganar el oro y sucedió”, dice. Ganó todos sus ‘heats’, no pasó por repechaje y cerró el año con una sensación de control sobre su surfing. Fue un buen cierre, sí, pero no un punto final. Más bien, una confirmación, un indicador de que su plan había resultado.
HACER COSAS DIFERENTES PARA LOGRAR RESULTADOS DISTINTOS

El 2025 fue, para Mesinas, un año de pruebas. Cambió modelos de tablas, trabajó nuevas maniobras, afinó recorridos y sumó un entrenador extranjero a su equipo. Con un coach del País Vasco, hizo correcciones técnicas que, según cuenta, marcaron diferencia. “Hice ajustes y se vieron en las competencias”, resume.
Los resultados acompañaron. En el Challenger Series —el circuito mundial que funciona como antesala del Championship Tour— obtuvo el mejor resultado de su carrera: tercer lugar en Portugal. Para un surfista que compite alrededor de 20 eventos al año, ese podio no fue un golpe de suerte, sino la consecuencia de un proceso largo. “Sentí que todo el trabajo del inicio del año ayudó muchísimo”, explica. Esa lectura es clave para entender su momento. Mesinas no habla de reinvención ni de transición. Habla de consolidación. Se siente bien físicamente, más estable mentalmente y con mayor claridad sobre qué tablas usar y cómo encarar cada competencia. No es poco en un deporte donde cada ola exige decisiones inmediatas.
COMPETIR EN CASA
El surf peruano no para por temporadas, dice Mesinas. Lo que cambia es la visibilidad que tiene. Cuando hay eventos grandes en el Perú, el interés crece; cuando el circuito se mueve fuera, la atención se dispersa. Competir en casa, sin embargo, sigue siendo una ventaja. Conocer la ola, entender sus tiempos y tener a la hinchada de su lado suma. “A mí me motiva”, admite. No a todos les pasa igual, pero en su caso el apoyo empuja. Punta Rocas, en ese sentido, no es solo una sede: es un terreno familiar donde la lectura del mar juega a su favor.
Esa relación con el entorno explica, en parte, el valor que le da al oro bolivariano. Más allá de que no otorgue puntos para el ránking mundial, representa algo distinto: defender un objetivo en casa y cerrar una competencia sin fisuras. “Es simbólico”, reconoce. Y, en el surf, lo simbólico también pesa.
EL SACRIFICIO DEL DEPORTISTA

Viajar es la parte más desgastante del circuito de surf. Aviones, aeropuertos, noches sin dormir, tablas de un lado a otro y, al llegar, horas en el agua para conocer el agua. “Eso es lo más difícil”, dice Mesinas sin rodeos. Calcula, rápidamente, que en un año puede llegar a tomar cerca de 40 vuelos para dirigirse a diversas competencias internacionales. A eso se suma la competencia sobre el agua: decenas de surfistas buscando olas al mismo tiempo, entrenamientos compartidos y una presión constante. Con los años, se aprende a manejarlo, pero no desaparece. “Es bastante mental”, admite.
Por eso, cuando habla de derrotas, no las esquiva. Recuerda una en particular: los Juegos Olímpicos de París 2024, que eligieron como sede para el surf a Tahití. Sentía que la ola se acomodaba a su surfing, tenía expectativas altas, pero quedó fuera en primera ronda. El golpe fue fuerte. La lección, clara: no competir desde la ansiedad ni desde la euforia. “En el surf tienes que tomar muchas decisiones”, explica. Y cuando las emociones se desbordan, el surfing no fluye. La clave está en el presente, en cumplir rutinas, en hacer el trabajo diario sin cargar el evento de expectativas ajenas al momento.
UN ESTILO PROPIO Y GANADOR
Mesinas cree que todo surfista tiene un estilo reconocible. El suyo, dice, se diferencia, aunque no lo define como el mejor. Prefiere medirlo en términos de consistencia y lectura. La experiencia —años compitiendo, jueces, rivales, contextos— ya está incorporada. Lo que sigue ajustando es la técnica. Esa combinación de experiencia y ajuste constante lo sostiene en el circuito internacional. El surf peruano, asegura Lucca, ya no necesita presentación en el mundo. “Perú es una potencia”, afirma. Los rivales lo saben. Los títulos por equipos en mundiales ISA y las clasificaciones olímpicas hablan por sí solas. En su caso, el punto de quiebre fue la clasificación olímpica de 2019, el evento que, según él, cambió su carrera y le dio un impulso definitivo para seguir. Desde entonces, el foco está en sostenerse, no en llegar de golpe.
MIRAR HACIA ADELANTE
Cuando piensa en el futuro del surf peruano, Mesinas apunta a dos frentes: que se realicen más eventos importantes en el país y que haya más exposición internacional para las nuevas generaciones. Entrenar fuera —Australia, Estados Unidos, Brasil— acelera el aprendizaje. Estar en el agua con surfistas de alto nivel eleva la vara. “Motiva y hace mejorar más rápido”, dice.
Mientras tanto, él sigue compitiendo. Ajustando. Probando. El oro bolivariano y el podio en Portugal no son finales felices, sino señales de que el camino elegido empieza a rendir fruto. En un circuito que no perdona distracciones, Lucca Mesinas avanza sin discursos grandilocuentes. Con viajes largos, decisiones rápidas y una idea simple que repite sin adornos: “competir bien es consecuencia de hacer bien el trabajo, incluso cuando nadie está mirando”.
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